Relato-corto-guiame-amor-propio

Guíame

Intento estudiar, pero mi mente se rebela, usando cualquier pensamiento para distraerme. En un instante, se llena de su presencia. Visualizo sus manos, su pecho, siento una conexión imaginaria que me hace perder el enfoque. Muevo la cabeza, luchando por recuperar la concentración, pero es como intentar agarrar arena. Leo una frase; apenas resuena antes de desvanecerse en el vacío. Mi mente, en cambio, se recrea en el recuerdo de su sonrisa, su olor, su cabello, expandiendo el pensamiento inicial hasta transformarlo en algo tangible. En mi imaginación, siento el roce de su piel y la calidez de un primer beso mientras mis brazos rodean su cuello.

De nuevo, me esfuerzo en regresar al texto frente a mí, pero cada palabra parece desmoronarse en medio de esa dualidad entre el deber y el deseo. Me reprendo y sonrío, intentando continuar, aunque los minutos pasan sin misericordia. Mis labios se aprietan, y mi mente encuentra el refugio que tanto desea en esos pensamientos. Entonces, justo en ese instante, su mensaje llega como una chispa que revive esa lucha interna.

– Hola, acabo de llegar, ¿qué tal?

Una mezcla de emociones se apodera de mí. Sé que debería estar concentrada, pero me basta con leerlo para entregarme a ese momento.

– Pues aquí sigo, no consigo concentrarme…

– Respira, cierra los ojos.

Con esa breve indicación, siento una paz que me ancla, una calma que, por momentos, parece suficiente para retomar el enfoque. Pero entonces, su último mensaje aparece, y con un susurro silencioso me dejo llevar una vez más.

– Tú solo guíame…

En esa tregua silenciosa, en la lucha constante entre lo que debo hacer y lo que quiero sentir, me pierdo y me encuentro, como si el propio acto de estudiar se diluyera en la suavidad de su voz imaginaria.

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