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Fantasma

Aparece de nuevo, como una sombra que ha aprendido a descifrar el momento exacto en el que tu felicidad vuelve a estar en equilibrio. Ese ser que aparece y desaparece, una y otra vez, sin añadir nada realmente constructivo a tu vida, y que, sin embargo, siempre sabe cómo reaparecer justo cuando su ausencia ha dejado de doler.

Su andar lo delata: pasos pesados, arrastrados; su mirada, oscura y sombría, fija en el suelo o en la distancia, nunca a los ojos. Parece siempre al borde de decir algo importante, de explotar, pero prefiere el silencio y la distancia. Se refugia en el aislamiento como si fuera su única salida.

Pero hoy, algo ha cambiado en ti. Ya no necesitas esa dinámica dramática y agotadora, esa montaña rusa emocional que alguien más controla. Te has cansado de rodearte de quienes complican todo, de quienes, ante el menor contratiempo, se rinden y se frustran. Ahora buscas rodearte de quienes enfrentan la vida con alegría, que no tienen miedo de ver los problemas de frente, sonreírles, saludarlos y dejarlos pasar cuando la solución no está en sus manos. Y quizás, solo quizás, esa persona ya esté en tu vida, alguien que trae consigo luz y paz. Quizá por eso ese ser lo siente, lo intuye y vuelve.

—Hola, ¿Cómo estás? Te echaba de menos. Disculpa por este tiempo sin dar señales… necesitaba reorganizarme. Han sido momentos intensos, y me aparté de todo por un tiempo. Pero me gustaría verte de nuevo, retomar lo que dejamos…

Sonríes, sin sorpresa, y le contestas:

—Jaja, no me digas…

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